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Cerro Aspero. Pueblo Escondido San Luis

Cerro Aspero. Pueblo Escondido San Luis

La meca del trekking de Merlo y Córdoba.

Fuente: La Nación. Revista Lugares. Por Soledad Gil.

El paraje, muy cerca de Merlo, San Luis, no se ve desde la ruta. Hay que andar varias horas para descubrir esta mina olvidada que se convirtió en hostel y refugio, buscado por caminantes de todo el país.

Durante las dos Guerras Mundiales llegaron a vivir aquí 400 obreros que trabajaban en la extracción de tungsteno. Hoy es meca del turismo aventura. Quién lo diría. Seguramente, quienes bajaban a buscar minerales en esos túneles perdidos en el camino que conecta Lutti con Merlo, no imaginaron nunca que generaciones de mochileros y jóvenes trekkers se aventurarían hasta allí como meta deportiva o de esparcimiento.

La primera vez que uno va a Pueblo Escondido es recomendable hacerlo con guía
Sin tanto esfuerzo físico, pero con bastante espíritu de aventura, el complejo de cabañas Los Vallecitos es el único emprendimiento que asoma en ese trayecto. Si se toma por el lado cordobés, el pavimento termina en Villa Amancay, una localidad próxima al embalse del Cerro Pelado. Lutti es el último pueblo con huellas de civilización. De ahí en adelante, el camino está en regular estado, pero transitable. El paisaje es yermo, de pastizal y con mucha afloración de roca granítica, con el minúsculo pero tan rojo toque de color que aportan las verbenas cada tanto. El sendero hacia el Pueblo Escondido aparece casi en el límite con San Luis: en lugar de desviarse al norte, como para ir a Los Vallecitos, sale hacia el sur.

Lo mejor es ir en 4×4 y con guía –ya sea desde Merlo o desde el valle de Calamuchita–, pero el público natural de este destino es el otro, el que llega con las coordenadas de GPS, deja el auto en algún puesto y se lanza a bajar, mochila al hombro, dispuesto a alojarse en los refugios que Carlos Serra comenzó a acondicionar, allá por 1992, cuando decidió recuperar las viviendas de la vieja mina como refugio de montaña. Carteles no hay. Pero es fácil darse cuenta porque el punto de partida es allí donde se ven los autos estacionados.
El puesto de Tono Albornoz es el más conocido. Él cobra por entrar en sus dominios, pero también cuida las 4×4 que llegan hasta ahí, y brinda servicio de alquiler de caballos. A quienes quieran quedarse a dormir en el refugio, les ofrece pasarlos a buscar en fecha y hora previamente combinadas. Hay otros puestos, accesibles para auto común, pero el de Tono también tiene la ventaja de que está de camino del Salto del Tigre, la cascada que hace la diferencia de este trekking, sobre todo en verano. Así se pase o no por ella, llevar sombrero y agua es indispensable. Si bien empiezan a aparecer algunos árboles a medida que uno desciende, el sol es impiadoso.

El acceso principal
En el acceso principal, las piedras son grandes y en ocasiones se generan escalones considerables. Los más “tuercas” bajan con las 4×4 –a paso de hombre–, pero parece más un desafío para la pericia del conductor y los amortiguadores de la camioneta que para el disfrute del plan. A pie, en cambio, resulta un placer avizorar a lo lejos las construcciones de la mina, el zigzag que subía hasta la cima del Áspero (muchas veces llamado “los caracoles”), y al cabo de dos horas intensas, el puente colgante que atraviesa el río Paso del Tigre y lleva hasta este nuevo paraje del turismo aventura.

Carlos compró la propiedad, a comienzos de los años 90, a un heredero de la sociedad mixta argentina-boliviana, la última titular de la mina que cerró en 1969. Montó un proyecto que formó parte de una tesis universitaria de reconstrucción y puesta en valor. El turismo siempre fue el pilar principal, pero, tras 30 años de trabajo, él no quiere abandonar la posibilidad de contemplar otras aristas. “Nos gustaría que, en algún momento, hubiera otras actividades estables”, comenta.

Carlos reniega ante la idea de que su nombre sea publicado porque le parece injusto figurar como el único artífice. Dice que nada lo hizo solo. Unió las voluntades de muchos. Por lo pronto, trabaja allí con toda su familia. El refugio tiene capacidad para unas 40 personas entre dormis y albergues (siempre sin ropa de cama). En el restaurante se sirven sándwiches de bondiola, de jamón crudo, vegetariano, o pastas caseras y, de postre, panqueque. Puede parecer no muy variado, pero hay que tener en cuenta que la operación para abastecer la cocina incluye las dos horas de ida y dos horas de vuelta que lleva entrar y salir de este lugar.

Si bien los inviernos son muy duros –hay algunas habitaciones con salamandra–, la permanencia de los Serra en estas décadas ha conquistado un turismo anual, especialmente en fines de semana. Hay foros con devotos de las motos, los cuatris, las 4×4 y simples familias o grupos de montañistas. Por su proximidad, la mayoría llega desde Merlo. De hecho, hasta 1935, cuando se inauguró el camino de 60 km entre el Áspero y La Cruz, en Calamuchita, el material de la mina bajaba en cablecarril y salía a lomo de mula hacia San Luis, para llegar luego, vía tren, a Buenos Aires. El pueblo tenía hasta usina eléctrica propia. Y en evocar esa vida al recorrerlo radica parte de su magia.

Un poco de historia
Como estuvo abandonado tantos años, la versión resumida de la historia (la que suele figurar online) parece indicar que funcionó ininterrumpidamente 70 años. Pero no fue tan así. El tungsteno –o wolframio– tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales y el punto de ebullición más alto de los elementos conocidos. Se usa en la fabricación de los filamentos de las lámparas incandescentes, pero también en las armas de guerra. Especialmente, durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. Los escritos sobre la mina del Cerro Áspero –Pueblo Escondido es su denominación “turística”– señalan que estuvo activa hasta 1918, y parece haber recuperado actividad en 1938 cuando los señores Domingo y José J. Arrighi incorporaron a una nueva sociedad a Carlos Alfredo Tornquist (hijo de Ernesto, el reconocido empresario).

En 1940, con la creación de la firma Tungsteno Argentino, Arrighi y Tornquist sumaron a los señores Biancheri, Piccaluga, Otaegui y Gorostiza. La industria del wolframio, como la de la mica, llegó a ser entonces una actividad minera muy numerosa y difundida en el país, que ocupó a un gremio nutrido de operarios y puede decirse que fue la escuela de formación de toda la nueva industria minera artesanal y de pequeña escala. Argentina ocupaba en ese momento el 7° puesto en el mundo como productora de wolframio. Los yacimientos más importantes, de tamaño mediano y pequeño, estaban en Córdoba y San Luis. Se calculaba en 1941 que la industria daba empleo a unos 11.000 obreros y representaba el 33% del valor de lo todos los minerales metalíferos explotados en el país.

La II Guerra Mundial terminó en 1945, y en 1947 arrancó el conflicto con Corea. Hacia 1950, se crearon las agencias de rescate o compra de minerales, a cargo del entonces Banco de Crédito Industrial Argentino. Fueron 10 años de gracia, pero el fin llegó inexorablemente, cuando China se involucró fuerte en el negocio y pateó el tablero de los precios internacionales. En algún momento, el grupo SEVEL intervino también. Y después llegaron los 30 años de abandono.

El turismo vino a dar vuelta la página. El puente colgante, que había sido destruido para proteger las construcciones del vandalismo, volvió a tenderse. Pueblo Escondido todavía no es pueblo, pero ya es menos escondido y bastante menos áspero.

Datos útiles
Cómo llegar

Pueblo Escondido tiene más de un acceso. El que aparece primero si se llega desde Córdoba es el del acceso principal, el que utilizan las 4×4. En ese es difícil perderse, pero pasa lejos de Salto del Tigre. Para incluir el Salto del Tigre, lo mejor es ir hasta el puesto de Tono Albornoz. De allí a la cascada son unos 40 minutos. Hay que tener cuidado si hay niebla, porque en ese caso sí puede uno desorientarse y perderse. Siempre conviene llevar abrigo y agua. En el salto, en algunas ocasiones, se cobra ingreso.

El refugio
Cerro Áspero. T: (03546) 46-2650. Benjamín, el hijo de Carlos Serra participa en un grupo de Facebook que se llama Pueblo Escondido – Cerro Áspero (no confundir con el que es al revés: Cerro Áspero – Pueblo Escondido), pero no es él quien contesta las preguntas. El refugio tiene muchos fans que van zanjando dudas. Para hacer reservas, lo mejor es hacerse de paciencia y llamar en horarios lógicos (no a la siesta, no de noche tarde), para consultar. La señal es errática y no tienen e-mail.

Intiyaco Aventura. T: (03546) 45-6756. FB: Intiyaco Aventura. El guía Andrés Ramallo suele ir todas las semanas desde el Valle de Calamuchita (sea Villa General Belgrano, Santa Rosa u otra localidad, incluso la capital cordobesa). Propone salidas por el día de dificultad baja (Salto del Tigre y Pueblo Escondido), o una más ambiciosa y de dificultad media que llega a la cumbre del Áspero, visita las minas superiores y el mirador de la torre del Cablecarril, volviendo por el puesto de Tono.

Alan Basi. T: (02656) 40-6909. FB: cerroaspero.puebloescondido. Va todos los fines de semana desde Merlo. En el Filo comienza el trekking hacia la cascada Salto del Tigre. Después de un alto, se continúa hasta Pueblo Escondido, se almuerza y se recorre el lugar, para regresar a Merlo hacia las 18.

Alto Rumbo. T: (0351) 206-4061. Consultar por salidas especiales.

Mons Actividades de Montaña. T: (0358) 415-5431. IG: mons.actividades Organizan salidas por la zona.

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La primera vez que uno va a Pueblo Escondido es recomendable hacerlo con guía. Fotografía: Soledad Gil

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